Maneras de viajar a Cuba existen mil y una, desde las que exigen más dedicación por tu parte hasta las que menos tiempo requieren, pero lo que está claro es que ir, al menos una vez en la vida, es indispensable.
Viajar según tus preferencias
De este modo, durante un viaje a Cuba puedes pensar tu paso por la isla caribeña de la forma que consideres más cómoda o conforme con tus gustos. Si eres más autodidacta, realmente disfrutarás decidiendo desde qué lugares fijar como estancia, las excursiones y cómo moverte por allí hasta los alojamientos. Así pues, si tu idea es acercarte al máximo a los cubanos, elegirás, sin duda alguna, quedarte en las típicas casas particulares, que sean ellos los que te lleven de un sitio a otro y perderte por las calles de ciudad y pueblo para empaparte bien de su inconfundible carácter.
Viajar con el control de qué harás
Sin embargo, si lo que tienes en mente es que preocuparte por organizar detalles sea lo mínimo posible, olvídate de prepararlo tú mismo y busca la forma de que sea otro quien lo haga por ti, porque también darás con la mejor opción para ti. Por ejemplo, si te gusta saber qué visitarás, no ir solo y tener actividades previstas, seguramente sean los paquetes de viajes a Cuba lo que necesitas. Con cualquiera de ellos, te centrarás en disfrutar y las preocupaciones pasarán a un segundo plano, porque te incluirán desde los puntos imprescindibles, como La Habana, Trinidad, Varadero, Cayo Santa María…hasta las más variadas excursiones, visitas guiadas y actividades. Otra buena alternativa, si eres más sibarita y prefieres controlar mejor, pero con ayuda, desde el orden del itinerario hasta dónde alojarte en cada momento, lo tuyo será un viaje a medida.
Eso sí, viajes como viajes, no podrás olvidarte de que lo único que realmente importa es de conocer al máximo la isla, de que explorar saliéndote un poco del planning para aprovechar cada minuto allí es necesario. Y, ¿por qué? Pues muy sencillo, porque Cuba esconde secretos, secretos que salen a la luz conforme vas avanzando y que no puedes calcular, sino adaptarte a ellos y seguir el “ritmo cubano” por dondequiera que vayas.

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